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hojass

viernes, 4 de mayo de 2012

Cuestión de peso


Es curioso... hace menos de un año odiaba mi vida, pero me gustaba mi aspecto. Hoy me he reconciliado con mi vida... pero me cabreo seriamente con la imagen que me devuelve el espejo.
Había conseguido librarme de unos kilos que yo consideraba de sobra y logré meterme en una talla menos.
Algunos me hacían ver que mis pómulos exageradamente pronunciados y mi rostro escandalosamente hundido no me favorecían nada... pero yo sólo era capaz de ver que mi tripa había bajado de forma considerable y que mis brazos ya no parecían los de un luchador de Sumo.
Y lo logré a base de café, agua y tabaco. Ésa era mi dieta. No por voluntad propia, he de decir. Sino porque mi organismo no aceptaba nada más. Hasta el punto que una sola cucharada de yogurt me provocaba el vómito. Sencillamente no me entraba.
Hace menos de un año... mi futuro era tan oscuro como una película de Hitchock y en alguna ocasión la sensación absoluta de vacío vino a dar con mis huesos en el suelo en plena calle.
Pero mi vida dio un giro. Bien es verdad que me lo trabajé. Que un mecanismo interno se puso a funcionar y las aguas volvieron a su cauce. El dolor comenzó a remitir... muy muy lentamente.
Empecé a quererme de nuevo. Me propuse metas cortas que fui consiguiendo... y a medida que la normalidad me envolvía con sus brazos de tímida seguridad en un principio y afianzándose más tarde, los kilos fueron retornando a su lugar y el apetito volvía a condenarme a mis lorcillas de siempre.
Hace un año creí que me moría. Es más... me dejé morir.
Hoy... he recuperado mi peso.

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