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hojass

jueves, 3 de mayo de 2012

La vida secreta de las verdudas (fragmento I)

Por enésima vez comprobó su peso en la báscula del baño y, por
>enésima vez, insultó al indefenso oráculo que se limitaba a cumplir
>religiosamente su misión. Hacía tiempo que se había convertido en su
>leal enemigo, junto al espejo del lavabo, que se empeñaba en mostrar
>nuevas arrugas en el rostro contrariado de Isabel. La mujer hizo el
>gesto internacional del vómito al comprobar que las sutiles grietas
>bajo los párpados no habían disminuido ni un ápice desde la noche
>anterior, a pesar de los dos kilos de crema para el contorno de ojos
>que se había aplicado antes de irse a dormir. El producto prometía
>resultados asombrosos en poco tiempo, pero el milagro seguía sin
>realizarse.
> Se cepilló el cabello de mala gana, sintiendo también lo
>repulsivo que le resultaba el pequeño artefacto. ¿Cómo demonios
>conseguía Merche mantener aquella hermosa melena tostada, como una
>cortina lisa y sin sobresaltos?
> Se vistió rápidamente, apretando un agujero más de lo debido su
>cinturón. Con suerte el vaquero ceñido escondería el exceso de tripa
>que sus embarazos le habían otorgado gratuitamente, además de tres
>niños adorables.
> Se pintó someramente, se retocó el peinado y se hizo burla en el
>espejo antes de salir.
> Allí estaba ella, una genuina ama de casa dispuesta a
>enfrentarse a otro excitante día de una vida llena de emociones.
>Apretó con energía sus armas de trabajo y caminó con la seguridad de
>que el peligro le acechaba en cada esquina. Tras dos minutos de
>intensa marcha, bolsa en ristre, se encontró frente a su destino: el
>edificio del mercado. Allí atravesaría sinuosos pasillos de verduras
>y hortalizas, enigmáticos puestos de carne que exhibían cadáveres
>completamente muertos y , un poco más allá, exhalando el
>indescriptible aroma de la mar, el despacho del pescado, donde un
>arrogante tendero le ofrecería una hermosa merluza con las agallas
>aún vibrantes y los ojos inyectados en roja y arrebatadora
>sangre...
> -Está casi viva, señora.
> La voz del pescadero sacó de su abstracción a Isabel, que volvió
>a la realidad como quien despierta de un sueño en el que uno se ve
>caer y caer por un pozo negro e interminable.
> Sonrió al hombre grueso y curtido, que le mostraba el difunto
>pez plateado como un auténtico trofeo.¡Dios! Si supiera cómo le
>odiaba profundamente... Le había llamado señora y, esa palabra
>sonaba lapidaria a sus oídos. Era realmente una señora, claro. Trece
>años de matrimonio lo avalaban. Pero lo terrible, lo espantoso, lo
>desmoralizante, era que resultara tan evidente para los demás su
>condición de señora.
> Decidió perdonar la vida a la merluza, tan muerta como ella
>misma se sentía, y continuó deambulando entre los puestos, indecisa
>ante el enorme dilema que acababa de plantearse su intensa actividad
>cerebral...¿se dirigía hacia las verduras o compraba primero los
>huevos? Optó por las verduras, que estaban más cerca. Además le
>había parecido detectar en alguna ocasión, que el tendero le lanzaba
>miradas y frases insinuantes. No era el único, por supuesto; el
>vendedor de especias le sonreía pícaramente cuando le entregaba la
>bolsita de orégano en incluso podría jurar que, en cierto momento,
>hizo un comentario obsceno al pedirle ella la pimienta molida, de
>esa que guardaba en un bote al final del estante más alto y que
>tanto le costaba alcanzar..
> Claro que ni el rechoncho vendedor de especias ni el calvo
>verdulero eran su tipo, pero todo podía valer para levantarle la
>moral a una.
> El mercado bullía a aquella hora de la mañana. Los tenderos
>voceaban su mercancía con desparpajo, reclamando para sí el mérito
>de la hortaliza más fresca, la fruta más jugosa o la carne más
>tierna. Bromeaban entre ellos con tal alegría que Isabel se preguntó
>si realmente les entusiasmaba tanto como parecía el pequeño papel
>que les había tocado interpretar en la comedia breve de la vida.
> Ella odiaba sentirse tan anónima. Detestaba ser un extra
>cualquiera en la película, en lugar de ser la estrella rutilante y
>exigente que se permitiera licencias con el director. Supuso que
>todos aquellos seres humanos de su alrededor fingían estar
>satisfechos, o tal vez fueran demasiado simples para no estarlo.

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