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hojass

jueves, 3 de mayo de 2012

La visita de un Dios (continuación)


Segunda parte del primer capítulo... para los valientes que quieran seguirla...
Por cierto.... de esta historia saqué mi nik, biggrin

El mago iniciaba su salmodia mientras la bella mujer se refugiaba en las sombras de la sinuosa habitación, situada en la torre del viejo edificio. Hacía tiempo que el castillo amenazaba con derrumbarse, pero permanecía en un mágico equilibrio, que sólo fuerzas siniestras podían mantener. Cuando acabó su hechizo, el mago hizo un gesto a la mujer para que se acercara. Tomó las delicadas manos entre las suyas y la invitó a posarlas sobre una esfera de luz roja que reposaba en el centro de un círculo de piedras sobre la mesa. -¿Lo conseguirás? –preguntó la mujer. El mago dudó unos instantes mientras la observaba: hermosa, con una belleza casi diabólica. Ni aún ahora en que la vida de todo un planeta corría peligro, aquella mujer perdía su aire altivo y soberbio. Quilvin se preguntaba si realmente le preocupaba la destrucción de Kronniak por la catástrofe que aquello significaba o por la pérdida del poder que perseguía y que se vería fustrado si todo desaparecía. Intentó verlo a través de sus ojos profundos y grandes, peno no lo consiguió. -Por el bien de Kronniak, espero que así sea –contestó al fin el mago. -. Es nuestra única esperanza. Ambos miraron la bola brillante que tenían ante sí y en la luz roja de su centro comenzó a formarse la imagen de un fuego que ardía moribundo en una chimenea de piedra. xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx No podía asegurar en qué momento se había quedado dormido. Aunque tampoco era extraño teniendo en cuenta que se había bebido casi la mitad de las veinte cervezas que contenía la caja. Hizo un recorrido mental de su entorno para integrarse de nuevo en el mundo real, de forma paulatina y lo menos traumática posible. Su cabeza daba vueltas…. Y sentía como si un yunque le aplastara las ideas. -A ver… soy …Blay Tello. Estoy tumbado en mi cómodo sofá marrón de piel de vaca… esto que tengo en la mano es una lata de cerveza vacía…. Aquí está mi buen Sam… la chimenea con el fuego a punto de extinguirse… la alfombra y … ¡mi novela!-Exclamó incorporándose sintiendo los músculos laxos -¡condenado chucho! ¿qué has hecho con mi novela? Samuel lo observó con la expresión más inocente que pudo. Él no sabía nada de la novela. Como su amo, también él había caído en el sutil abrazo de Morfeo y comenzaba a tener conciencia de la realidad en aquel preciso momento. Nada tenía que ver con el estropicio que habían sufrido todos aquellos papeles. Blay se levantó del sofá sin mirarle y fue directo a la leña aún caliente y que se resistía a las últimas llamas. El escritor se agachó y rescató algo de entre las cenizas. -¡Santo Dios! –exclamó sin sentir nada determinado. Si le hubieran pinchado en aquel instante no hubiera brotado ni una sola gota de sangre. Entre sus manos sostenía un trozo de papel chamuscado. Parecía como si fuerzas extrañas hubieran entrado en complot con Sonia y pretendieran destruir su novela. Se volvió furioso hacia el perro, seguro de que él debía de cargar con las culpas de aquel desastre.- ¡Muy bien, Samy! –le increpó con el dedo. La sensación de resaca había desaparecido súbitamente – Volveré a escribirlo. Línea por línea, tal y como estaba. Aún conservo los borradores. No sé cómo demonios ha ocurrido esto… pero no será suficiente para detenerme. Empezaré ahora mismo. - ¡No!Aquella voz lo paró en seco. Si hubiera continuado durmiendo no tendría nada de particular. Al fin y al cabo, en los sueños todo es lícito. Pero él estaba despierto y bien despierto, ¿no? Siendo así, no era extraño que su cuerpo se quedara paralizado como por embrujo y su boca abierta grotescamente cual si de un buzón de cartas se tratara.- Volverás a escribirlo… pero de forma totalmente distinta.La bellísima mujer le miraba con ojos desafiantes y seguros. Blay intentó moverse muy lentamente, sin poder cerrar la boca por la sorpresa.- ¿Có…cómo has hecho eso? ¿qué broma es ésta? –acertó a preguntar el atónito escritor arrepintiéndose al punto. No estaba seguro de querer saberlo. Aquel ser maravilloso había surgido de las llamas justo en el momento en que, Dios sabe cómo, el fuego se avivó bruscamente.- ¿Qué broma es ésta? –repitió intentando conducir la situación por la vía de la imposible lógica-. Creo que Sonia ha llevado esto demasiado lejos.- No se trata de ninguna broma –aseguró ella con el rostro impasible - . Sabes muy bien quién soy y he venido para evitar que cometas una estupidez.El joven escritor la miró incrédulo. Sí. Claro que sabía quién era ella. Aunque no podía ser… de ninguna manera. Aquella mujer… era Hulna. Una criatura creada por su imaginación… o alguien que se parecía. En cualquier caso… era tal y como él la había imaginado. Alta, delgada, con cabello largo negrísimo, piel sumamente blanca y tersa, pechos recios, ojos ligeramente oblicuos de color verde oscuro … y aquel vestido tan parecido al de la madrastra de Blancanieves. (Recordó divertido que no pudo pensar en una indumentaria más original. De eso ya se ocuparía Sonia cuando se ultimaran los detalles finales de la novela) Era una locura, pero casi se vio seducido a participar en ella. - No puedes ser real –se resistía Blay, comenzando a sentir náuseas como si la resaca hubiera vuelto de nuevo. -. ¿Dónde está el truco? Yo te he creado…¡No existes!- Existo.- Atajó la mujer. Su voz era dura, insolente, definitiva. Tal y como la imaginó. Blay sentía que la cabeza le explotaría en cualquier momento- . Mi existencia va más allá de tu propia imaginación. Actuamos con relativa autonomía más allá de la frontera de tus designios. Aunque … en casos extremos… no podemos hacer nada. Como ahora… que nuestro creador decide destruirnos.Hizo una pausa, dándole la oportunidad a Blay de asumir sus palabras. Comprobó que el escritor escuchaba con profunda atención descreída. La mujer continuó- He venido porque necesito…. Necesitamos que nos libres del final que has designado para Kronniak. Aún puedes hacerlo. Kronniak debe seguir vivo.- Pero…-el escritor se introdujo de lleno en aquella locura, sintiendo que ya sería inútil mantener un ápice de lógica en todo aquello. - …es imposible. Aunque se hayan quemado los folios, ya está escrito que…- Precisamente –interrumpió Hulna-. Deberás escribirlo de nuevo, pero sólo después de haber interrumpido el proceso.- Pero…¿cómo? –definitivamente Blay se había vuelto loco.- Según ese final, la destrucción es inminente. Se presupone la destrucción como un hecho… que tú no describes. – Hulna comprobó satisfecha el cambio en la expresión de aquel rostro humano tantas veces imaginado desde el otro lado.- Viéndolo así… -murmuró el escritor dejándose caer en una silla. Descansó su frente en la mano derecha mientras la izquierda obedecía el impulso de pellizcarse el brazo. ¿Y por qué no? Miró a la mujer: era jodidamente real. Como real era el dolor que había sentido al pellizcarse. - ¡Oh, mierda! –exclamó al fin, totalmente entregado a la pesadilla que estaba viviendo - ¿Qué tengo que hacer? 

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