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hojass

domingo, 6 de mayo de 2012

PÁGINA 3

La extrañeza de un árbol desubicado
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Yo fui una vez un árbol de raices muertas.
Mis manos se agarraban a la tierra
como un grito desgarrado
o una súplica desesperada.

La ciudad quedaba lejos
pero desde mis ramas altas la veía
y amé la idea absurda de que nunca me atrapara.

Yo no sé si tú has sentido alguna vez
la agónica presencia del asfalto.
Si has sido árbol como yo -o un arbusto tal vez-
y tuviste pesadillas que sólo un vegetal puede soñar.

Mis raíces se murieron porque -al fin- fui un árbol falso.
Falso era mi tronco y falsas mis hojas
que jamás reverdecieron.

Tal vez nunca fui un árbol.
Pero sí agarré la tierra con mis dientes.

No soy de aquí. Ni este bosque es mi sitio.
Desde lo alto, con las ramas del cedro clavándome sus púas,
contemplo triste el horizonte...



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Reptilianos

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Somos esclavos.
Mas sed felices en la ilusión
de esta libertad prefabricada.

Esclavos somos... y obedientes.
Y así ha sido desde el principio
de los tiempos.

Cuando miramos a los Cielos
y aquellos dioses reptiles
procrearon con las hijas de los hombres.

Obreros sumisos creados al capricho
de la serpiente impía.

Eso somos. Sólo eso.
Manos trabajadoras al servicio del poder.
Alimento al arbitrio de los dioses.

Ingenuos adoradores. Ciegos, sordos, mudos.
Y así continuamos.
En esa manipulación crecimos y nos multiplicamos

Vivimos con la ilusión del poder.
Con falsas democracias
y abominables dictaduras
en manos de reyezuelos
al servicio de los señores
ocultos en la sombra.

La verdad os hará libres -dijo Alguien-.
Tal vez aún es tiempo para el despertar.
Tal vez la consciencia no sea un mito abstracto.
Tal vez sea tiempo de esperanza.

Somos muchos.
Ellos sólo unos pocos.

Tal vez... llegó el tiempo de la desobediencia...

(...y bueno... una teoría tan válida como cualquier otra) tongue



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Una hoja en mi pelo...

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¡Qué cosas se me ocurren mirando mis recuerdos!!
Me siento en mi butaca preferida.
Abro las páginas ocres de la memoria
y te contemplo y te hablo
y- lo que es peor- tú me contemplas y me sonríes.

No. Peor no. Raro.
Porque tú hace tiempo que te fuiste a pasear tu propia vida.
Como si yo jamás hubiera sido la cálida alfombra junto al fuego
donde nos contábamos mentiras.

Pero eran nuestras.
¿Recuerdas?
Una hoja caía sobre mi pelo y tú la apartabas sonriendo.
-¿por qué sonríes siempre?-
Después... tu boca abandonaba la forma de luna menguante
y me mirabas serio, traspasándome.

Tu risa se transformaba en deseo y hacíamos el amor.
-¡Eso contabas! como si en mi primavera de miel cupiera una experiencia
más allá de dulces besos-.

Entonces yo - cándida- me ruborizaba y te hacía callar
con labios temblorosos y tan nuevos
que apenas orbitaban sobre tu boca cálida,
musitando mil te quieros con lágrimas de amor puro.

Empieza a hacer frío -¿no crees?- a este lado del tiempo.
Quizás alguna vez también tú, apoltronado en el sofá de los años,
hayas abierto esa caja de latón vieja
donde guardamos recuerdos,amores y fotos.

Tal vez me has mirado sonriendo con tus ojos de miel
y has soñado de nuevo que retirabas una hoja de mi pelo
y me hayas sentido tuya,apasionada,
como no pude ser jamás.

Puede que algún día -tal vez en este instante-
te sientes a mirarme de lejos.
Y me beses.
Como sólo se pueden besar los recuerdos.

Venga, va!!
Hasta otro día.
Vuelve a dormir el sueño de los no muertos.
Prometo rescatarte de nuevo -cuando tu sombra duela menos-
y pasear juntos la alameda...






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Espinas de la rosa

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Voy dejando mis pasos esta noche
sin más pena ni olvido
que mi aliento.
Dormido yace el corazón por tan cansado.
Las huestes del dolor me lo hacen viejo.

Hay vacío en esta cama tan usada
por un duende de frío imaginado.
La forma de algún cuerpo bienamado
sueña junto a mí, prestándole raíces a la sábana.

Se escuchan los ronquidos del amor
como una música que se hizo acomodada,
de tanto beso añejo prisionera,
que se quedó en el filo de tu espalda.

Las rosas me persiguen con guerrera.
Espinas de dolor tienen por armas.
Fusiles de silencios y de ausencias
que matan el amor... como si nada.




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Frutos viejos

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Ya no sé si me duele
o es que mi espalda
se acostumbró a los golpes.

Ya no sé si la miel
se tornó amarga
o es que la hiel me gusta
y aprendí a amar
el sabor ácido
que envuelve,a veces,el amor.

Yo ya no sé si se me acabaron las esperas
o es que nada he de esperar
porque nada espera el que entrega.

No sé qué hay en un beso.
Ni en una flor que no llega.

No sé si ésto es todo
y el feliz parto
sólo da a luz silencios y días.

Recogeré una cesta de frutos viejos
y dejaré que el tiempo madure su piel endurecida.
Los regaré de labios sin promesas.
Callada.
Tal vez en sombras...




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Reloj de arena...

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Se me aglutina el tiempo
y sus memorias...


Como un pequeño beso resbalado
que la piel pasea desde el hombro
y se va a peregrinar
con el sudor, perdido por la espalda.

No hay paño que empape cada herida
vestida o disfrazada con la esencia
de aquel que alguna vez creyó en la vida
y hoy ve que su trayecto se le acaba.

Doy fe que no ha de hallar mayor sentido
al dolor,el miedo o la mudanza,
que al mítico grial que no se alcanza
y argulle que el tesoro es el camino.

Y no hay peor castigo para el alma
que soportar cual yugo la evidencia.
Pues ser conocedor de esta certeza
es peso insoportable y es proeza
armarse de valor y de esperanza.

Y ahí va el pequeño beso...resbalando.
O el grano en el reloj que se vacía
y lentamente ve pasar los días
sabiendo que es en vano su insolencia.




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Volaremos...

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Sórdido, el tiempo
nos envuelve con su encaje negro,
raído y gastado de puro viejo.

Así-tal vez- nos consolamos
echándole la culpa al devenir cansino de los días,
de aquella nueva arruga que pliega nuestro rostro
y convierte el alma en pergamino.

Es escritura sabia-dicen...-
aquella que se escribe con la pluma del dolor
camuflada de experiencia.

¡Qué cínico el ombligo que al mirarse
proclama la sapiencia
donde sólo hay un pasado avanzando hacia la tumba!

¡Qué lástima de tiempo malgastado
en todo lo que al fin es sólo humo,
efímera ilusión perecedera!

Si sólo nos parásemos a vernos...
Si acaso escucháramos el viento...
Si un instante siquiera apreciáramos
el susurro del silencio...

¡Ah, qué torpe la inconsciencia
que absorbe minutos pedigüeños
cuando nada es importante...!

Nada somos, envueltos en materia.
... y algún día dejaremos la crisálida...





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Diálogos de Maricastaña...

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Hace mucho... mucho tiempo... en un balcón cualquiera...

Caballero.-¿Qué te dice el alma mía,
por imprudente o callada,
si es tu mente tan cerrada
que a mis razones no atiende?

¿Qué explicación no comprende
tu corazón enjaulado,
que se quedó demudado
cuando quise sorprenderle?

Vedme aquí-mísero amante-
luciendo amor sin garante,
con el pecho enardecido,
el ánimo abigarrado
y tu voz como estandarte.

A los cielos yo proclamo
que soy esclavo de un beso
y asido fuí de aquel nexo
que actuó como tratante
encadenando mis sueños
a vuestros labios infames.


Damisela-Mucho armáis por aquel beso
que no fue más de un instante.
Un ensayo, un desvarío.
Una rúbrica indolente
sin más valor que el presente
y un documento vacío.

Pues me llegaron por fuentes
de distinta catadura
que sois sólo un caradura
y un cazador insolente
que a gacelas inocentes
perseguís y dáis captura,
y de hermosa cornamenta
adornáis sus limpias frentes.


Caballero -¿Qué decís?!!!
¡¡un paso al frente!!
Todo aquel que aquesto dice
os aseguro que os miente
y en mala hora creara
Nuestro Señor vil serpiente.

Escuchadme: es ofensa.
Y os enreda malicioso
quien tamaña bravucada
os confirma (¿y mi espada?)
sin decirmelo a la cara
ni habiendo estado presente.


Damisela -¿Os ofende mi palabra?
Caballero -No es la vuestra... pero es falsa.
Damisela -Vos mentis.
Caballero -No ha de ser.
Y os suplico que a mis ojos
miréis tan sólo un momento
si no encontráis argumento
que os convenza en mi garganta.


Damisela -Vuestros ojos me atragantan.
Caballero -Miradme en el corazón.
Damisela -Mentiroso como vos.
Caballero -Os amo.
Damisela -Yo no.
Caballero -Sois vos quien miente ahora.
Damisela -¿Qué sabréis?
Caballero -Os tiembla la voz.
Damisela -Es el frío.
Caballero -Es amor.
Damisela -Estáis loco si creéis
que en tanta palabrería
habré de hallar la alegría
que al amor presta su traje.
Más bien resulta un ultraje
y agudísimo dolor.

Caballero -Loco estoy... pero por vos.
Damisela -¿Será cierto?
Caballero -Os lo juro.
Damisela -¿Qué queréis?
Caballero -Sólo un beso.
Damisela -¿Uno sólo?
Caballero -Dadme dos.
Damisela -Venid a mi boca entonces.
(¡Qué tonta soy! ¡ay de mí!)
que a vuestros ruegros transijo,
mis sentimientos corrijo
y a mi orgullo doy asueto.

Porque mi amor no sujeto...
sin vuestros brazos me aflijo
y en ellos pierdo mi honor.


Caballero -Espero encontrar perdón.
Damisela -A vos con gusto os perdono.
Pero no a mi corazon.


¡¡Y HASTA AQUÍ LLEGÓ LA TONTERÍA!! rotfl

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